El mujerero

Margarito Estrella huele a tortilla y a queso camembert, a tequila y a vino blanco, a chile y a pimienta verde. Tiene los ojos azules de un triste pasmado, el pelo ensortijado con haces de luz plateada. No cree en nadie; sin embargo es el más generoso amigo y anfitrión. Posee un gusto exquisito y…

Besacalles

Entonces corro hacia la esquina, y si hay verja por alguna parte, apoyo un pie en ella y me pongo una mano en la cintura, acomodando bien la cartera con la otra mano, y así los espero. Cuando pasan frente a mí, aguardo a que me miren con interés para lanzarles la sonrisa. Después de…

Der Traum ein Leben

El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté: —¿Qué soñaste anoche? Me contestó: —Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta…

Antes de que todo cambie…

«Entras en mis oídos dibujando caracoles marinos: dentro llevo ya tus tormentas, tus ciclones, tus abismos. Tus voces bajan ya por mi garganta. Entras también en mis ojos con tu mirada: los tuyos tienen el color cambiante del agua. Entras en mi pecho con el tuyo. La piel protesta haciendo remolinos. En la orilla más…

Figuras de polvo

Su aliento le lamió todo el cuerpo, por entero: los ojos, los labios, la lengua, las axilas, los pechos, el vientre, el pubis, la vulva, los muslos, los pies…  Los dedos de él, sin tocarla, juguetearon con todos los lugares que había olvidado y los vieron temblar con aquel despertar. Sus cavidades nasales se inundaron…

Un artista del hambre

*** Volvieron a pasar muchos días, pero llegó uno en que también aquello tuvo su fin. Cierta vez, un inspector se fijó en la jaula y preguntó a los criados por qué dejaban sin aprovechar aquella jaula tan utilizable que sólo contenía un podrido montón de paja. Todos lo ignoraban, hasta que, por fin, uno,…

Los pastores de la noche

Ya un poco bebida y excitada, entraba con nosotros en los burdeles más pobres, donde las viejas vivían su último tiempo de amor y las chiquillas recién llegadas del campo aprendían el difícil oficio de meretriz. Era una noche corrompida, no le bastaba un hombre solo, sabía de los más refinados placeres y de la…

Lorena

Comencé a acariciarme, sentía que mi instinto podía guiarme, sólo debía dejarlo emerger, me rocé los pezones con la palma de la mano (se hincharon al instante), y el vientre blanco (una blancura sólo interrumpida por alguna que otra estría), después la mano empezó a descender, me acaricié tímidamente el vello púbico (espeso, un poco…

Gina

Mis manos volvieron a caer sobre las nalgas ardientes de Gina. Pero aquello ya no era suficiente. Lo quería todo a la vez, beber de su fuente, entrar dentro de su flor, penetrar su garganta y frotar todo mi cuerpo contra sus pechos. Quería ser uno de esos dioses de las películas, con incontables brazos….

La ventrílocua

Fedra Krugger interrumpió las labores de maquillaje. Me miró largamente, pausadamente, como sondeándome el forro de las tripas. Yo me cohibí, pues temía que se hubiese topado con el recodo del apéndice, donde guardo mis intimidades amorosas. Por toda respuesta, Fedra se levantó la falda, o mejor, el faldumento de lentejuelas y signos del zodíaco…

Ágata

Había practicado muchas veces la felación terapéutica a los amigos deprimidos, a los abandonados por sus novias, a los bajos de moral. Se había acostado medicinalmente con amigas faltas de autoestima, con las necesitadas de calor, con las víctimas que se encontraban en el trance de someterse a un prolongado régimen de adelgazamiento. Costaba muy…

El gusto por lo oscuro

A pesar de que venía de buena familia y había realizado sus estudios en el Liceo Benalcazar siempre le había gustado lo oscuro y lo bajo. Primero se enamoró de un guerrillero, después de un terrorista, más tarde de un traficante de iguanas. Hoy vive con un enano y está feliz porque el hombre es…